Siempre me gusta recordar como terminé estudiando música, y específicamente, cantando gregoriano.
Fue el año 2011 según recuerdo. Aunque realmente llevaba mucho tiempo atrás sintiendo algo. Algo que no entendía, y francamente, a veces hoy, 12 años después sigo sin entender. Yo solía dedicarme a cantar el salmo. Pero no era algo que yo escogiera, sino que me escogió a mí. Terminada la catequesis, por allá del 2007 o 2008, el párroco de aquel entonces tenía muy claro que no se podía terminar la formación espiritual ahí, con la comunión y confirmación hechos. Tenía que continuar lo que de otro modo terminaría en una efímera educación religiosa que se desmoronaría al primer ataque de la sociedad ansiosa por deshacerse de Dios. Había tres opciones en el equipo de liturgia: ya fuera monaguillos, el coro de niños, y lectores. Nunca me ví como monaguillo, y de alguna forma no me sentía digno o suficiente para algo así. Quizás si me hubiera decantado por algo así, estaría ahora escribiendo otra persona. Si yo hubiera sabido tocar la guitarra entonces, quizás me habría decantado por el coro; aunque nunca me gustó el formato de guitarras y panderos. Así que fue lectores.
Como en todo grupo parroquial debería suceder, estaba claro el rol de cada uno. Los que Dios les había concedido voz para cantar y los que no. Y yo, que consideraba que mi voz no era suficientemente buena, asi que mi autoestima baja me descartaba como no apto. Así que no me designaron para salmos, solo lecturas. Y así fué durante mucho tiempo. Fué en la Solemnidad de Cristo Rey, fiesta de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del universo, que la salmista designada no llegó. Y, me aventaron al ruedo. Así canté el salmo responsorial ese día. Subí al ambón, hice una reverencia hacia el celebrante en la sede, y me dispuse a cantar. "Qué alegría cuando me dijeron vamos a la casa del Señor", del Salmo 121, fueron las primeras palabras que mi voz entonó al Señor. Y desde entonces, no he dejado de cantar. El vicario parroquial, tiempo después, el Padre José María, que en paz descanse, fue quien me dijo que tenía aptitudes para cantar. Y solo necesitaba entrenamiento. Pero diversas situaciones hicieron que poco a poco me alejara del grupo de lectores. Entre ellas, una maestra de canto, que, escuchando mi voz, afectada por el descenso natural de una octava característico de la pubertad, me dijo que era desafinado. Eso me hirió, y con el autoestima dañada, me fui. Pasaron al menos dos años, y en esos dos años, sin saberlo, estaba preparándome para el resto de mi vida.
Una vecina de mi cuadra empezó un taller de música, y, naturalmente, pedí a mis papás por favor me compraran una guitarra para ir. Me concedieron el capricho, y fue entonces que me enamoré. Gracias a la guitarra, mi vida se transformó. En esa época, mi mamá timoneaba el barco espiritual de la familia, e ibamos a misa de 11 am todos los domingos. El coro de esa misa, tenia la particularidad de tener formato de rondalla. Guitarras, bajo, teclado, mandolinas, y percusiones pequeñas. Pero, lo que me fascinaba es que cantaban a voces. Decidí que entraría a ese grupo algún día, pensando, cuando tuviera 15 o 16. Y fue por la guitarra que, en medio de la adolescencia, y en mis dramas y pecados, mi mamá me dijo, sabia e iluminada por el Espíritu Santo, "pídele al padre que te meta al coro, o algún otro grupo". Así, tras recibir la absolución de mis pecados, recuerdo que me ofreció el coro de niños. No se cuál habrá sido mi reacción delatada en mi rostro, que inmediatamente se corrigió, y me ofreció entrada al coro juvenil de entonces. Así, con 12 años, me convertí en el miembro más joven de aquella agrupación que sería mi amor y mis alegrías, pero también mis tristezas, frustraciones e inseguridades.
El Coro "Fuego Nuevo" era dirigido por un matrimonio, y los miembros ya parecían y aparentaban ser músicos muy experimentados. Mi sorpresa fue que mucho de lo que tocaban, lo habían aprendido ahí, de la mano de su coordinador o director. Nunca me había preguntado como lo había hecho o cuanto tiempo se había tomado en ello. Solo ahora que escribo estas líneas. Gracias Octavio.
| Un joven Guillermo dando su primer recital de guitarra. (c. 2009) |
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